Vamos a jugar a que “discapacitado” no es una mala palabra.

Vamos a jugar a que “discapacitado” no es una mala palabra.

¿Alguna vez te ha pasado que no sabes cómo interactuar con una persona discapacitada?

No sabes cómo hablarle. Te da miedo regarla y decir algo equivocado.

Y al final, mejor decides tomar distancia.

No saber cómo actuar no te hace mala persona. El chiste es estar dispuestx a aprender.

Cuando digo que el lenguaje es un arma sumamente poderosa, me refiero a que es la herramienta con la que los seres humanos le damos sentido a nuestra realidad.

Pero ¿sabías que el lenguaje te influencia más de lo que te imaginas?

El lenguaje (o la manera en la que te hablas a ti mismx) influencia tus pensamientos. Tus pensamientos influencian tus acciones, y tus acciones después tienen un impacto en los demás, pero también en ti mismx. Es como un ciclo.

Por eso se dice que el lenguaje es una construcción social: porque es el contexto y las personas quienes le damos un valor y un significado, ya sea positivo o negativo a las palabras que utilizamos. Y si te fijas, el lenguaje va cambiando muy rápido. Esto pasa porque la sociedad también va cambiando muy rápido.

El lenguaje, entonces, es dinámico. Porque cambia y cambia.

Entonces… este valor positivo o negativo del que te hablo lo creamos todxs juntxs casi sin darnos cuenta. Piensa, por ejemplo, en las palabras discapacidad, discapacitadx, retrasadx, minusválidx, etc. Todas estas palabras han sido utilizadas para referirse a las personas discapacitadas a lo largo del tiempo.

Entiendo que el lenguaje cambia tan rápido que a veces nos da miedo decir la palabra incorrecta. Porque es 2025, chica, ¡claro que queremos ser muy políticamente correctas!

Pero ese miedo no viene de la nada: tiene que ver con la connotación. El lenguaje en torno a la discapacidad siempre ha cargado significados negativos, a veces sutiles, a veces muy claritos.

Por eso te incomoda decir “persona discapacitada” o “el niñx es autista”. Suena feo, suena a ofensa.

Pero ¿realmente lo es? ¿O lo que incomoda es reconocer que nosotrxs ya traemos una carga negativa asociada a esa palabra?

Y pasamos del “no se dice retrasado mental, se dice persona con discapacidad intelectual”, y luego al “no se dice así, se dice discapacitado intelectual… ¿no?”.

Hay un montón de cuestiones que salen de ahí. Que si eres médicx, ¿qué lenguaje vas a usar para referirte a tu paciente: discapacitada o persona con capacidades diferentes?; que si eres terapeuta y tu cliente te dice que tiene Asperger, ¿le vas a decir que no es cierto porque eso ya no existe y aparte así ni se dice?

Entonces ya ves: sí es un tema. Porque tampoco se trata de imponer.

Pero tranqui. Antes de contarte más cosas, te voy a decir un truco que te va a facilitar la vida:

Si no sabes cómo referirte a una persona discapacitada, dile por su nombre y ya está. Ya ella o él te dirá cómo prefiere que le digas.

A raíz del movimiento neurodivergente (del que te voy a platicar luego) y del modelo social de la discapacidad, comienza a haber una discusión sobre el lenguaje, y la cuestión se vuelve:

Lenguaje centrado en la persona vs. Lenguaje centrado en la identidad.

El spoiler es que no hay una respuesta correcta sobre cuál es el lenguaje adecuado, pero te voy a contar sobre los dos para que puedas tener una opinión más fundamentada. Pero acuérdate que, si tú no eres una persona con discapacidad, tu opinión es eso: tuya. Y va a depender de la persona con discapacidad en cuestión el cómo quiera que te refieras a ella, ¿okas?

Entonces, el lenguaje centrado en la persona busca separar a la persona del diagnóstico, pues lo que más importa es justo la persona, independientemente del diagnóstico, ya que este no la define. Entonces dirías: “persona con autismo”.

En el lenguaje centrado en la identidad, se celebra que el diagnóstico es parte fundamental de la persona. No es que te defina, sino que es parte de ti, y se lleva con orgullo, pues es parte de tu identidad. Entonces dirías: “persona autista”.

Ahora, retomando el tema de la connotación: es importante mencionar que el lenguaje centrado en la identidad nace desde una postura política y de activismo, para luchar contra esa connotación negativa que los diagnósticos han venido cargando. Se trata de tomar esa etiqueta y hacerla parte de ti. Viene con una necesidad de empoderamiento, para resignificar el diagnóstico como algo positivo.

Es por eso que el lenguaje centrado en la persona suele usarse más en el ámbito médico, donde la discapacidad suele ser vista desde el enfoque clínico, como algo que debe arreglarse. Y el lenguaje centrado en la identidad es más usado en círculos neuroafirmativos y de activismo.

En lo personal, y como persona neurodivergente, yo decido usar el lenguaje centrado en la identidad. Es importantísimo para mí normalizar la diversidad al hablar de discapacidad, sin tapujos ni diminutivos. Porque, de nuevo, el lenguaje forma tu realidad. La manera en que hables sobre discapacidad va a influenciar tu manera de pensar sobre las personas discapacitadas: con miedo, con conciencia, con discriminación o con empatía.

Así que sí, el lenguaje sí importa. Y mucho.

Vamos a jugar a que no vale decir “ay, era broma, qué exagerada, solo era un chiste” cuando le dices a tu hermano que parece retrasado mental. O que qué intensa tu amiga. O que pobrecita de su hermana, ”el angelito” con síndrome de Down.

Porque se vale equivocarse o no saber. Lo que no se vale es no intentar corregirse o aprender. Se le llama responsabilidad social, y viene incluida en tu suscripción de vida. El periodo de equivocación gratuita se te acabó a los 18, ¡y ni mooooodo!

En conclusión, sea cual sea el lenguaje que decidas usar, hazlo con empatía y responsabilidad, y considera que lo más importante es respetar la manera en la que la persona decide ser nombrada o referida.

Con cariño y conciencia, tu brújula neurodiversa.

6 comentarios en "Vamos a jugar a que “discapacitado” no es una mala palabra."

  1. Qué importante y qué bien pones en perspectiva ambos enfoques. En lo personal, estoy muy acostumbrado, por formarme en áreas afines, a que siempre se discuta la “manera políticamente correcta” de referirte a las personas discapacitadas/con discapacidad o condición, solo que se discute de una forma despectiva y pedante entre los mismos profesionales de la salud (sin exentarme de estas actitudes) tratándolo de maneras polarizadas. Que si qué inculto, que si “no, no se les dice así”, que si “es leviOSa, no levioSA” etc. y qué importante mostrarlos de una manera crítica y que invite a que podamos reformular nuestros marcos conceptuales, pero sobre todo ver de dónde viene y respetar el cómo se concibe cada persona. En fin, a veces tenemos que dejar que la academia se peleé por los conceptos y recordar que acá primero va el auto nombramiento.

  2. No sabía de esas dos posturas ideológicas al hablar de las personas con alguna discapacidad, gracias. Me gusta que se siente como estar hablando con alguien y, lejos de ser un adoctrinamiento, es una explicación cercana y en un tono amigable. Saludos cordiales.

  3. Me encantó este post porque resalta algo tan simple pero tan poderoso: usar el nombre de alguien. El nombre, para cualquier persona, es el sonido más dulce e importante de su lenguaje. Recordarlo y dirigirse a alguien por su nombre demuestra atención, respeto y hace que esa persona se sienta reconocida y valorada. Este principio es un gran punto de partida para acercarse a cualquier persona, incluyendo a quienes tienen alguna discapacidad. Si queremos ser realmente inclusivos sin equivocarnos, podemos empezar con lo más básico: aprender y usar sus nombres 🙂

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