Si no sabes lo que es neurodiversidad, este post es para tí (y si crees que sí sabes, también)

Si no sabes lo que es neurodiversidad, este post es para tí (y si crees que sí sabes, también)

Todxs somos un poco autistas…

Es lo que diría alguien cegadx por su privilegio y desinformación.

Para empezar: eso es capacitismo interiorizado.

Y no, hermosa, no funciona así. Es como decir que “el pobre es pobre porque quiere”.

O como si una persona diabética y una persona a dieta están desayunando, cuidando su ingesta de carbohidratos, y la que está a dieta dice:

“Ay, pues es como si las dos fuéramos diabéticas.”

¿Sí me explico?

Entonces no, no es que todxs seamos un poco autistas. El hecho de que a ti no te gusten los lugares con mucho ruido no te hace autista: solo significa que compartes una característica con una persona autista. Y ya.

La diferencia está en que para ti es una preferencia.

Y para una persona autista, es una necesidad. O una cuestión de capacidad.

Estar en un lugar ruidoso puede tener consecuencias sumamente desgastantes y discapacitantes para su bienestar.


¿Qué es el autismo?

El autismo es una condición neurodivergente con impacto discapacitante que impacta la manera en que una persona percibe y se relaciona con el mundo que le rodea. Se caracteriza por una combinación de rasgos que pueden incluir:

  • Hipersensibilidad o hiposensibilidad sensorial
  • Dificultades en la comunicación o en la interacción social
  • Necesidad de rutinas o patrones predecibles
  • Procesamiento diferente de estímulos o emociones

🌀 Ejemplo: Ir al centro comercial puede ser abrumador por la cantidad de estímulos visuales, auditivos y táctiles. Tanto que puede detonar un meltdown (crisis por sobrecarga) o una crisis emocional intensa.

Puede que a cualquiera le resulte agotador ir al centro comercial, pero la diferencia está en el nivel de impacto en la funcionalidad diaria. Cuando los signos y síntomas afectan tu vida cotidiana de forma significativa, eso lo convierte en una discapacidad.

Y por eso decir que “todxs somos un poco autistas” minimiza las barreras reales que enfrentan quienes viven con una discapacidad, especialmente cuando esta es invisible.

¿Y entonces qué diferencia a una persona autista de alguien con rasgos autistas?

Muchas personas pueden tener ciertos rasgos autistas, como:

  • Preferir rutinas
  • Hipersensibilidad sensorial
  • Pensamiento literal o lógico
  • Dificultad para leer señales sociales

Pero una persona con diagnóstico de autismo no solo tiene estos rasgos, sino que estos rasgos interfieren en su vida diaria de manera significativa y discapacitante.

Nota: también es importante mencionar que hay una cantidad considerable de personas autistas que no cuentan con un diagnóstico. Esto ocurre especialmente en el caso de las mujeres, ya que las características autistas suelen manifestarse de manera diferente, lo cual ha contribuido a que muchas menos niñas y mujeres reciban un diagnóstico formal de autismo.


¿Qué es la neurodiversidad y por qué se habla de un “paraguas”?

La neurodiversidad es el concepto de que las diferencias neurológicas son parte natural de la variabilidad humana.

💡 Todxs tenemos cerebros distintos, y eso incluye:

La metáfora del paraguas se usa para mostrar cómo diferentes condiciones neurológicas viven bajo esta misma idea: cerebros distintos, igual de valiosos.

Ningún cerebro es inherentemente mejor o peor por cómo está configurado.

¿Y por qué es importante hablar de esto?

Porque a mí me cambió la vida.

Cuando aprendí que mi cerebro también era neurodiverso —aunque no tuviera un diagnóstico formal de autismo o un TDAH clásico “de libro”— entendí que era neurodivergente. Y que aunque el mundo no lo notara, porque es una discapacidad invisible, yo sí lo sentía. Yo sí sentía esa diferencia habitándome.

¿Alguna vez te has sentido incomprendidx?

¿Como si te costara el triple hacer algo que para lxs demás parece sencillo?

¿Y aún así no puedes decir nada porque temes que te digan que exageras, que “no es para tanto”, o que estás inventando?

En mi caso, aprender sobre neurodivergencia fue darme permiso de sentir.

Fue como ponerle nombre a lo que por años me atormentaba en silencio. Cuando descubrí que vivir con ansiedad generalizada y TDA también entra dentro del espectro neurodivergente, y que no soy la única batallando con esto, sentí que por fin podía ponerme el saco.

Pude decirme a mí misma:

“Ah… entonces no estaba loca.
No estaba exagerando.
Esto que siento, aunque no tenga nombre para otrxs, sí es real.”

Aprender sobre los distintos tipos de neurodivergencia me permitió apropiarme de mis dificultades y ser más compasiva conmigo misma. También me ayudó a identificar el burnout en el que estaba sumida, y reconocerlo como algo legítimo.

Me di cuenta de que:

  • Necesitaba aislarme de todxs cuando estaba estresada o abrumada.
  • A veces pasaba un día entero en cama, a oscuras, sin hablar con nadie, después de convivir socialmente.
  • No podía contestar mensajes porque me generaban ansiedad, lo que me causaba conflictos con mis amigxs… y más ansiedad.
  • Mi estado de ánimo cambiaba drásticamente: de estar alegre a estar irritable sin motivo aparente.
  • Mi sensibilidad emocional era mucho mayor que la de otrxs, al grado de que me creí eso de ser “demasiado intensa” como si fuera un defecto.

Todo eso que yo pensaba que era “exagerado” o “drama”, resultó ser mi manera de procesar.

Y no, no era ninguna exageración.

Darme cuenta de esto me permitió nombrar mis dificultades, validarlas, entender que merecen atención y cuidado. Porque el hecho de que no tenga una discapacidad visible, o que mis retos no sean tan evidentes como los de otrxs, no significa que no importen.

Aprender sobre neurodivergencia me dio herramientas para reformular mi autoconcepto, dejar de hacerme chiquita y jamás volver a aceptar que me llamen “demasiado intensa” o “demasiado exagerada”.

Aprender todo esto no solo me ayudó a verme con otros ojos, sino que también me hizo cuestionar muchas de las frases y creencias que damos por hechas.

Como esa que dice que “todxs somos un poco autistas”.

Porque ahora entiendo que esa frase, aunque parezca inofensiva, borra por completo el peso, las implicaciones y las luchas reales que viven las personas autistas y otras personas neurodiversas.

Que una cosa es identificarse con una característica suelta (como no tolerar el ruido o tener rutinas muy marcadas) y otra muy distinta es vivir con una discapacidad neurológica que atraviesa todas las áreas de tu vida.

Entender la neurodivergencia me ayudó a dejar de minimizar lo que yo sentía. Y también me enseñó a no minimizar lo que sienten lxs demás. A mirar con más empatía, con más contexto, con más conciencia.

Porque si algo aprendí, es que entender cómo funciona tu cerebro cambia tu forma de percibir y estar en el mundo.

Y cuando aprendes a nombrarte, también aprendes a nombrar mejor al otrx. A respetarle. A defenderle. A escucharle.

Y entonces supe que tenía que hablar.

Tenía que escribir.

Tenía que gritar.

Y aquí estoy, haciéndolo aunque me dé ansiedad.

Y si a ti también te ha hecho ruido todo esto, aquí estamos para resonar juntxs.

Con cariño y conciencia,

Tu Brújula Neurodiversa.

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